De escritores (o algo así)

“La literatura, como cualquier forma de arte,
es la confesión de que la vida no basta.”

Fernando Pessoa

Por lo general, de los escritores se suele pensar que son personajes huraños, ariscos, sociópatas, adustos, retraídos, entre muchos otros calificativos igual de lindos. El mismo José Vasconcelos dijo, alguna vez, que “escribir libros es un triste consuelo de la no adaptación a la vida”. Pero lo cierto es que cuando se les califica, a los escritores, de esa manera, el observador común y silvestre olvida algo por demás significativo: el escritor no distingue, usualmente, la gran diferencia entre la ficción y la realidad. Así las cosas, sería difícil esperar que un escritor se comporte, en sociedad, como cualquier otro individuo.

Sobre esto, Jorge Luis Borges decía que “haber leído El Quijote es más real que la muela que me han sacado esta mañana. El Quijote es algo en lo que pienso continuamente, en esa muela no volveré a pensar nunca”. Así, el escritor se mueve, constantemente, entre distintas realidades, que si bien puede diferenciar, no le interesa del todo hacer el contraste. Para ese tipo de escritores, “vivir no es necesario; lo que es necesario es crear” (Pessoa). El escritor prefiere soñar que vivir, prefiere los universos alternos que se erigen en su imaginación; todo lo demás no son más que nimiedades, que él debe sobrellevar.

El jueves pasado en una reunión, durante una conversación se dijo, mutatis mutandis, lo siguiente:
—Está mal comprar en los supermercados, es mejor apoyar a las tienditas mexicanas, aunque sea más caro.— dijo X (que es escritor y bastante mayor).
—¿Cómo sabes? ¿Tú haces el súper? — respondió Y.
No, pero mi mamá me cuenta todo, y tengo entendido que sabe mucho de eso.

Y así, pueden haber mil anécdotas de cómo el escritor no es un ente capaz de convivir en sociedad de la misma forma que todos los demás. El escritor trata de vivir a través de palabras (no importa si las escribe o las lee); en esos actos encuentra la forma de estar solo y, muy a su manera, de vivir. Habría que tomar esto en cuenta al estar con algún escritor, pues, probablemente, un acto insignificante puede ser para ellos algo titánico (a lo mejor imaginaron, alrededor de esa situación, todo un universo paralelo). Habría que considerarlo y, quizá, entenderlos un poco más. Tener en mente que, como decía Pessoa (y aquí mal-parafraseo para terminar), despiertos son inútiles, cuando sueñan son ellos mismos.

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