¿Un sueño, acaso?

Una serie de tres sueños. Ninguno en particular hermoso; ninguno en particular terrible. Los tres, sin lugar a dudas, extraños. Al menos, eso creo. ¿Es normal tener tres sueños al hilo, cada uno protagonizado por alguna ex novia? Extraño, me parece, demasiado inusual. Intento desenredar esa maraña de imágenes que me bombardea. Imposible. Ni siquiera sé si pasó o no; es más, en estas condiciones, incluso podría creer que ellas nunca existieron. Confusión. El caos, lenta y profusamente, se hace notar. La transcripción de las imágenes es obligatoria:


Irrealidad no. 1.1

Me encuentro viendo la película que ya dejé de ver, porque, obviamente, estoy dormido: Marie Antoinette, de Sofia Coppola. Estoy acostado con la ex novia no. 2, a la que llamaremos D por cuestiones de practicidad. Dicho sea de paso, esta película la compramos juntos y, en el juicio de divorcio, me tocó la custodia absoluta. Nunca la pudimos ver completa. Lo intentamos tres veces: en la primera, me quedé dormido y ella mejor se puso a hacerme piojito; en la segunda, se lo pueden imaginar; en la tercera (que fue seguida de la segunda), el agotamiento nos ganó y nos quedamos dormidos. Pero, mejor, regresemos al sueño. D me empieza a besar; había olvidado, por completo, esa imagen, ese aroma, esa sensación. No me molesta. Supongo que, hasta en el mundo real, se me escapa alguna sonrisita. La miro. Sus ojos me parecen demasiado familiares, como si nunca hubiera dejado de verlos. Es un momento siniestro pero hermoso; incómodo pero tranquilizante. De pronto, ella se sienta de cebollita, como solía hacerlo cuando íbamos a platicar “en serio”. Me cuenta lo mucho que sufrió; lo mucho que la lastimé. Inmuto, sin tener palabras para contestarle. D sonríe, nada más, regalándome, quizá, algo de serenidad, o qué sé yo… Lo que sigue es demasiado borroso como para poder reproducirlo.

Irrealidad no. 1.2

Estoy sentado en la entrada de la casa de la ex novia no. 1, a la que llamaremos M, no más, porque sí. Sin embargo, no es su casa. Aún así, desde un principio sé que estoy ahí —excepcional ese mundo etéreo en el cual uno puede ser omnisciente, por más pendejo que sea en la realidad—. Subo al auto. Al dar los movimientos en reversa para salir, choco con el coche de su padre: un Corvette ’91 rojo, precioso. No pasa a mayores. El señor se baja y me dice que no hay necesidad de llamar al seguro, que no me preocupe. No sé por qué me quedo ahí, como esperando algo. Extraño. M aparece de vez en vez no más para verme y hacer alguna expresión de lo deleznable que le parece que yo esté ahí. Sigo esperando; sigo sin saber por qué. Su madre, a la que llamaremos V por comodidad, se acerca y empieza a platicar conmigo. Me lleva comida y me dice que qué bueno que no me he ido, que así puedo comer con ella. V se sienta a mi lado y comienza a llorar. Yo busco la mirada de M, que está a unos cuantos pasos de nosotros… que sigue asqueada por mi presencia. Su atisbo me destruye. Me causa repulsión estar ahí, sin más, recibiendo tan terrible escarmiento. El sueño se interrumpe de gol/

Irrealidad no. 1.3

Aparezco en la entrada de la que en el sueño anterior era la casa de la ex novia no. 1, pero ahora es la puerta de mi oficina (que no lo es, sin embargo, está en el mismo lugar en el que se encuentra en la realidad). Se acerca caminando la ex novia no. 3, a la que llamaremos R —ella sabría por qué, que es la misma razón por la cual hemos llamado a la 1 “M” y a la 2 “D”—. “¿Ya estás listo?”, me pregunta. Yo, que ya tengo algo de consciencia por los dos sueños anteriores, ya no sé ni qué esperar. Probablemente, ella me reventará a madrazos, pienso, mientras le respondo algunas palabras que no puedo recordar. Me dice que habíamos quedado que veríamos una serie en su casa —que, de hecho, está a unas cuantas cuadras de mi oficina—. R lleva un vestido de lentejuelas y sus labios, pintados de carmín, se ven como nunca. A ella sí no la reconozco. Pero comienza a reír y todo vuelve a tener sentido: sí es ella, sin duda. Caminamos por la calle y reímos. Cantamos. Parecemos un par de niñitos contentos. Cuando vamos a entrar a su cas/…

… El teléfono suena. La voz de Tracyanne Campbell me despierta. Una llamada inútil me regresa a la realidad. Hago el intento de volver a los sueños. Ni uno ni otro ni el otro. Nada. Me levanto. Camino hacia mi escritorio. Libreta y pluma en mano, comienzo a escribir: Una serie de tres sueños. Ninguno en particular hermoso; ninguno en particular terrible…

sueño

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3 comentarios en “¿Un sueño, acaso?

  1. Yei! Metaficción e inconsciente todo en uno. Yo también tengo una serie de sueños, tres justamente, anotados. Un día de estos, muy pronto haré una entrada al respecto. Me encanta el significado privado de los sueños. No entiendo los tuyos y seguramente tampoco entenderías los míos, pero que maravilla tenerlos.

    Saludos Brodie,

    Zunz

  2. yo tube 3 sueños en uno rarisimo soñaba q una sombra me arrastraba debajo de la cama en ese momento supuestamente desperte y iba acia el baño cuando bi algo saltando encendi la luz y se me abalanzo un gato a intentar mordrme y arañarme chille y me desperte hacia el ultimo q era una niña vestida con ropa de hospital a la q le tapaba la cara y ella me lamia la mano para q se la quitara y ai verdaderamente desperte nunca me habia pasado me gustaria saber como se llaman a esas clases de sueños gracias

  3. mai,

    honestamente desconozco cómo se llaman ese tipo de sueños. Sin embargo, como dice Emma Zunz, a eso se le conoce como metaficción en literatura.

    Suerte.

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