Cosas del destino

En los últimos días la televisión se ha visto plagada por los mismos rostros: Ochoa, Cuau, Aguirre; pero éste último es el que más ha aparecido, como parte de la campaña Iniciativa México. El comercial extendido, que han fragmentado en dos o tres distintos, pretende detonar la chispa nacionalista y patriótica—o patriotera, dependiendo el caso— y animar a los mexicanos, convencerlos de que se puede, más allá de conquistar la copa del mundo (sueño que francamente me parece inasequible, por el momento), cambiar la cultura, idiosincrasias y sociedad en nuestro país. Sí, el mismo que abiertamente dijo ante los medios que había que ser realistas, ahora nos dice que no, que siempre sí se puede (o que sí se va a poder). Desconozco sobre fútbol y no está entre mis intereses y obsesiones convertirme en el verdadero técnico de la selección (como la gran mayoría de los compatriotas pretenden o se creen), pero puedo decir que hay algo entre sus palabras que hiede, que, incluso, envenena.

Hay una palabra, entre lo que rebuzna Aguirre, que resalta: predestinado. “El país que se siente predestinado al fracaso,” nos dice el Vasco, ya no puede existir. ¿Y quién habló de predestino? ¿Acaso las moiras nos enclutcharon, milenios atrás?, diciendo: “esos morenitos se van a joder, fracasarán en cada empresa que inicien.” No. Les gustaba joder, es verdad, pero dudo que hayan invertido su tiempo en nosotros. ¿Países “predestinados” al fracaso? Los hay: Australia (colonizado por piratas y putas), Islandia (forjado en el centro de un volcán), Canadá y Rusia (superficies gigantescas de tierra que son asediadas por climas insufribles), etcétera; sin embargo, todos ellos han sabido superar, en ocasiones a punta de chingadazos, sus problemas casi-casi anunciados por el designio de Dios, Allah, Zeus o Frank Zappa, queda a gusto del cliente la deidad que quiera insertar [aquí]. En México no estamos predestinados al fracaso; parece, por el contrario, que estamos predestinados a la huevonería y mediocridad, a no ser capaces de ver nuestros defectos, asumir responsabilidades, hacer algo que vaya más allá del mínimo esfuerzo.

Los comerciales de Iniciativa México con Aguirre me parecen nefastos, por no decir irrisorios. Seamos el México del “ya se pudo”, en vez del de “sí se puede”. Mejor, propongo, seamos el México del “vamos a esforzarnos”, a partirnos la madre, a hacer algo que, en realidad, pueda ser traducido en victorias, en vez de justificar nuestras derrotas.

La mercadotecnia es algo que me llama la atención, una suerte de poesía ultra-moderna que, en apenas cuarenta segundos, puede provocar una gama extensísima de sensaciones (que a la postre, por supuesto, transmuta en consumo). Los comerciales develan, de una forma u otra, la sociedad en la que y para la que son producidos/transmitidos. La publicidad de Aguirre me habla, a mí como mexicano, de un país aciago, mediocre que pide a gritos su salvación, pero sin la intención de llevar a cabo algún esfuerzo de por medio; que simplemente quiere estar “predestinado” a ganar, en vez de perder.

Cuando las olimpiadas de invierno pasadas, las de Vancouver 2010, Nike/Bauer impulsó una campaña en Canadá a propósito del destino y el deporte, obviamente enfocada al hockey sobre hielo (deporte del que este país, que físicamente está jodido, es la primera potencia) en la que no sólo los grandes deportistas, sino que los ciudadanos comunes salían a burlarse del destino y de cómo las demás naciones piensan que ellos (como en México, quizá) dejan todo a la suerte. “El destino no corre 5 kilómetros antes de cada entrenamiento”, dice la defensa estrella de la selección canadiense femenil, en uno de los comerciales. En otro, una serie de canadienses de todas edades enlistan las cosas que se dicen de ellos: que duermen sobre el hielo, que nacen con patines, que quieren más al deporte que a sus padres, que es el destino que ganarán, etcétera; sólo para burlase de la ilógico que es eso. Jarome Iginla y Gillian Apps sentencian al final: “dejaremos que el mundo siga pensando que todo lo dejamos a la suerte, seguiremos entrenando hasta que podamos controlar la suya.”

 

Me gustaría ver ese tipo de comerciales en nuestro país; mejor aún, que los mexicanos pudiéramos tener ese tipo de actitud frente a las cosas, en especial frente al deporte.

“México no es un país, es una tragedia,” me dijo alguna vez Julián Meza. Tenía razón.

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