Hace siete años…


A Chad
Noséqué,

 que vive en Quiénsabedónde

Según la Wikipedia, el 2004 fue el año del arroz, declarado así por Naciones Unidas. Además de que fue un año dedicado al “grano oval rico en almidón” (me cuenta el DRAE), en él pasaron varias cosas interesantísimas e importantísimas, a saber (en orden de aparición): una ballena explotó en Taiwan—porque su esperma en descomposición acumuló demasiado gas (en serio)—; los Pats ganaron el Super Bowl; la CIA admitió que no había una amenaza latente por armas de destrucción masiva en Iraq, antes de la invasión norteamericana de 2003; Facebook fue fundado en Cambridge, Massachusetts; algunos científicos de Corea del Sur anunciaron que habían clonado 30 embriones humanos; fue fabricado el último Oldsmobile de la historia; me fui de intercambio a Brisbane, Australia, donde me la pasé a toda madre con gente bien buena onda; una explosión afuera de la embajada australiana en Yakarta, Indonesia, deja 11 muertos y 100 heridos (se estima que era la mitad de la población total de Acaponeta, Nayarit, que andaban de paseo por allá); salió el programa piloto de la serie de televisión Lost (lo cual me sorprende porque, según Wikipedia, no hubieron estrenos ni de películas ni de libros ese año); Brasil lanzó un cuete al espacio (lo que no se sabe es si era de carne o de alcohol, pero lo lanzó); los Red Sox ganaron la Serie Mundial por primera vez desde 1918; el mundo se fue de vacaciones (yo creo que a Plutón, aprovechando que pronto iba a ser clausurado y re-etiquetado) los días 24 y 25 de diciembre, para recibir al niño Dios. A pesar de lo agitado que estuvo el año, en México sólo pasaron 3 cosas (de nuevo, en palabras de la omnisciente Wikipedia): se firmó un tratado con Japón, la tormenta tropical “Iván” mató a 92 personas y murió José López Portillo (pero no fue en medio de la tormenta tropical).

Empero, fue un año bien interesante en el que pasaron cosas bien importantes. Sin embargo, todo ello no fue tan trascendental como mi inicio de clase de Historia de Estados Unidos 100 (o una madre del tipo) con Chad Noséqué, apellido común entre la gente de Extranjia que viene a nuestro país a quitarle empleos a nuestros (pobrecitos) compatriotas.

A Chad le debo cuatro cosas en esta vida: 1) mi amor por las obras de Emerson, Whitman y Dickinson, lo que a la postre devino en mi pasión por la poesía de e. e. cummings (que ya por eso le estaré eternamente agradecido); 2) saber que los filósofos del siglo XIX no usaban suéteres de cuello de tortuga; 3) saber que cuando yo estaba (a lo que mi entender era estar) disfrazado de filósofo norteamericano del XIX, tenía un poco más de éxito con las señoritas. El cuarto asunto, sin embargo, es uno que, debo confesar, tardé un poco más de tiempo en entender.

Hace siete años Chad comenzó su clase con una imagen que nunca pude olvidar. Era una caricatura divertidísima y muy profunda e incisiva y cualquier adjetivo del tipo que se nos pueda ocurrir. Dijo que el hecho de que él estuviera dando clase de Historia de Estados Unidos en México, era como el hecho de encontrar Coca-Colas en el pueblo más jodido y escondido de Nicaragua, como que hubiera McDonald’s en la India. Nos hizo cuestionar la caricatura; nos hizo cuestionar su clase; nos hizo cuestionarlo a él. Cuestionados los términos de lo que sería ese salón de clases, a las horas que nos encontráramos, era la única forma, desde su entender, de poder cuestionar a la historia misma.

Hoy inicié mi curso de Literatura en inglés para tercero de secundaria con la misma imagen. Me sorprendieron las reacciones de mis alumnos al verla. Me parecieron unos verdaderos maestros en el arte de “leer las líneas/ leer entre las líneas/ leer más allá de las líneas”. Terminadas las tres clases, me senté a pensar qué había dicho yo siete años antes sobre la imagen que Chad nos había enseñado. No pude recordarlo, ni tantito. Pero no importa. La imagen sigue aquí, siete años después, vivísima.

Quién sabe, tal vez reaparezca dentro de siete años, dándole a Chad el doble de razón y mucho más que agradecerle.

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2 comentarios en “Hace siete años…

  1. Estoy de acuerdo con Erin: misterioso, pero un sencillo y bello mapa… de un grande corazón… y eso que te conozco muy poquito, querido primo. Me gusta mucho cómo escribes, pero sobre todo lo que provocas en mi mente y la sonrisa (e incluso carcajada) que inevitablemente me da. Gracias. ¡Te quiero!

  2. muchas gracias, prima. este tipo de comentarios invariablemente me roban sonrisas, me da mucho gusto saber que lo que hago pueda causar eso. también te quiero 🙂

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